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Carlos Fradique-Méndez. Abogado de Familia

En el mundo de los negocios se les dice “empresas de papel” a las que tienen apariencia de legalidad y cumplen formalmente con sus obligaciones fiscales, pero que han sido constituidas con el fin de cometer fraudes o conseguir beneficios para los socios. Ninguna de ellas aporta al progreso de la sociedad. En el derecho de familia, se promueve como  el mejor camino para solucionar conflictos la conciliación, que es  “un medio alternativo para solucionar conflictos, a través del cual las partes resuelven directamente un litigio con la intervención o colaboración de un tercero.”  Se pretende dar buen crédito al adagio que enseña que “es mejor un mal arreglo que un buen pleito”.  La firma de una conciliación es semejante a un acuerdo de paz entre grupos que defienden intereses contrarios sin que tengan relación directa con socios de empresas criminales.

He sido testigo de muchas conciliaciones en familia y también de muchos fracasos luego del posconflicto. Entre personas que se odian es difícil que termine la guerra, salvo que un tercero medie con la fuerza del derecho o de la presión social para que los violentos sientan vergüenza de sus conductas ilícitas.  Y el fracaso es más frecuente cuando la vigilancia del cumplimiento de lo pactado corresponde a uno de los firmantes del pacto de paz, pues en este caso, quien ejerce dominio pretende que la otra parte que ha conciliado se allane a todo lo que dominante imponga.  Para que una conciliación, pacto de paz entre familiares o familias, tenga éxito se requiere de un buen conciliador, de una conciliación con reglas minuciosamente claras y de voluntades sinceras y honradas que  se comprometan a cumplir lo pactado. En este aspecto la conciliación se acerca al concepto del sacramento católico de la penitencia, que se llama también “Sacramento de la Reconciliación” o Confesión.

En la conciliación, en los pactos de paz en la familia, también es importante que las partes, hagan un correcto examen de conciencia y se comprometan consigo mismos y con sus contrapartes a cumplir con el propósito de enmienda que es una firme resolución de no volver a agredir, delinquir, violentar y de evitar todo lo que pueda ser ocasión para reincidir en las conductas ilícitas.

La conciliación la hacen las partes y el conciliador es solo un testigo delegado por el Estado para la firma, pero no para la vigilancia del cumplimiento de lo pactado.  Hay muchos conciliadores y también partes en el conflicto que incitan a que haya una rápida conciliación para enriquecer su lista de éxitos en conciliaciones aprobadas. Generalmente en esas conciliaciones pierde una de las partes, porque cede todos sus derechos. Es el caso del divorcio por mutuo acuerdo cuando hay evidencia de que uno de los cónyuges es culpable. El inocente que concilia pierde automáticamente el derecho a los alimentos y al socorro y llegado el caso a reclamar la sustitución de la pensión.

A lo anterior se suma que ante el incumplimiento de lo pactado en la conciliación la parte que sacó ventaja puede presentarse como víctima para sacrificar a su adversario afectiva, física, laboral y hasta económicamente. Y lo más irónico del caso es que para lograr estos fines delictivos puede encontrar la ayuda de comisarios y de jueces.

Para conciliar, para firmar pactos de paz en la familia, es necesario conocer muy bien a la contraparte, porque en estos eventos tienen plena aplicación las sabias sentencias populares que enseñan que “El que ha sido, difícilmente dejará de ser.” Y “Árbol que crece torcido difícilmente su tronco endereza.”

Por supuesto que ante la imposibilidad de conciliar, debe entrar en juego el tercero, el Juez, que aplica la fuerza del derecho con toda la severidad que la ley permita y habrá casos en los que son necesarias la multa y las penas de prisión.

Cuando los pactos de conciliación o de paz en la familia, se firman para evadir un pleito en el que habrá condenas, para que uno de los dos pierda derechos, para burlar la ley, se predica respecto del perdedor que ha firmado PACTOS DE PAPEL porque en la práctica no le generan  ningún beneficio.